Entro a un pasillo largo, largo, largo. Hay puertas a ambos lados, pero todas parecen estar firmemente cerradas. La luz no tiene por dónde entrar, pero logra filtrarse por pequeños orificios y ventanas. Las paredes y los pisos son azules y verdes, pero no son colores vivos, sino apagados… colores mate y sin brillo. El lugar es lúgubre y tétrico. Parece que sus paredes han encerrado miles de gritos, miles de llantos. El dolor de muchos ha quedado impregnado en el ambiente.
Sigo avanzando por el corredor sin encontrar contacto humano. Me apoyo en el barandal de aluminio… está frío y duro. Doy pasos hacia arriba en cada uno de los escalones de granito, ¿o piedra?… No lo sé. Llego al piso superior y la imagen es muy similar. Otro pasillo largo lleno de puertas. ¿Es el segundo piso o es el mismo? ¿Es un laberinto? ¿Soy presa de una ilusión óptica o es una trampa sin salida?
Me aventuro y avanzo. Camino por ese pasillo con doble moral: parece tan esterilizado y tan sucio al mismo tiempo. Algunas partes del piso están húmedas, no sé si es cloro o veneno.
Trato de abrir una puerta, pero está cerrada. La manija está fría y muy floja, pareciera que la voy a tronar y se me va a quedar en la mano. La suelto.
Estoy desconcertado y temeroso. Las manecillas de mi reloj avanzan. Cada vez que el segundero se mueve, siento un tremendo golpe. Es el tiempo pasando. Tic… tac… tic… tac… tic… tac… Debo tomar una decisión.
Corro al final del pasillo, toco la puerta y escucho del otro lado: “Adelante”. Giro la perilla y la puerta se abre. Un hombre de bata blanca está sentado en el escritorio y escribe de manera ilegible sobre un pedazo de papel. Ante mi silencio, el hombre decide hablar: “Ah, tú vienes por la receta, ¿verdad? Toma.” La agarro, le doy las gracias y cierro la puerta detrás de mí. Corro por el pasillo, bajo las escaleras y salgo de ese lugar.
Sí, tengo la receta para comprar los medicamentos. Finalmente pude abandonar esa clínica del ISSSTE y dirigirme a casa.

(Dedicado a todos quienes disfrutan de usar su imaginación.)
Uh, me transportaste a esos aterradores pasillos, pude sentir la angustia del protagonista al recorrer ese lugar.
*escalofríos*
Muy buen cuento, Mich. Me encantó :)